Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), hay 285 millones de personas con discapacidad visual en el mundo, de las cuales, 39 millones son ciegas. En la Argentina, hay unas 900.000 con problemas visuales, de las cuales 96,4% tiene grandes dificultades, mientras que el 3,6% no puede ver, según datos del INDEC (Itto. Nacional de Estadística y Censos).

Historia del bastón para ciegos
En 1921, a dos personas de lugares muy lejanos entre sí, se les ocurrió la idea del bastón para ciegos. Uno fue el artista James Biggs, un inglés que era ciego, y ese año pintó su bastón de blanco para que lo distinguieran en la calle. El otro fue Mario Fallótico, político argentino y radical quien, al ver a una persona ciega intentar cruzar la calle, se le ocurrió inventar un bastón blanco que ofreció a la Biblioteca para Ciegos. Lamentablemente, nunca matriculó el invento que comenzó a utilizarse a partir de 1931.

Nuevos inventos para el siglo XXI
En 2019 llega el bastón para el siglo XXI desarrollado gracias a las nuevas tecnologías. Se llama WeWalk (“caminamos” en inglés) y lo crearon desarrolladores turcos. El autor del diseño es Kürşat Ceylan, quien es ciego y un líder social que dirige la organización sin fines de lucro Young Guru Academy (YGA). El producto es fruto de la colaboración entre la empresa WeWalk con Vestel, otra empresa turca dedicada a la electrónica.
Luego de pasar 100 años sin modificaciones, este nuevo bastón se conecta al celular tipo Smartphone con Bluetooth y es compatible con iOS y Android.
El bastón es inteligente y plegable, puede detectar obstáculos por encima del pecho y de la cabeza del usuario gracias a un sensor ultrasónico. Al conectarse al celular, el usuario puede personalizar la configuración y administrar otras aplicaciones como Google Maps.
¡No solo eso! WeWalk puede recibir instrucciones para llegar a un lugar, además de detectar obstáculos al vibrar el teléfono. Usa batería y tiene 5 horas de autonomía. ¡Por si todo esto fuera poco, tiene: micrófono, parlante, panel táctil, sensor ultrasónico, giroscopio, acelerómetro, un compás, chip Bluetooth, un microprocesador, una batería recargable y motores de vibración. Ya se vende en Turquía en marzo, llegará a Estados Unidos y Reino Unido en junio, y buscan alianzas para distribuirlo en América Latina.

Un bastón “bien argentino”
Pero las buenas noticias no terminan aquí. Un equipo de investigadores y alumnos de la Facultad de Informática de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) desarrolló un bastón y anteojos inteligentes para personas no videntes.
A partir de sensores infrarrojos, el bastón le permite al usuario detectar obstáculos por arriba y por debajo de la cintura, mientras que los anteojos avisan de los obstáculos en altura.
El bastón de la UNLP detecta techos, aleros, ramas de árboles, además de medir la humedad y avisar al no vidente ante la presencia de charcos y pisos mojados. Cuando el bastón percibe un obstáculo, avisa al usuario que lo maneja mediante un alerta sonoro y vibrando, alertas que pueden ser emitidas por el bastón o desde un celular conectado por Bluetooth por medio de una app. También, admite la administración de los dispositivos por parte del usuario para darle mayor autonomía personal.
En su desarrollo han participado tres estudiantes ciegos, Maximiliano Vázquez, Tomás Falco y Walter Mendoza, que están testeando el invento, además de contar con la ayuda de los tenistas Paula Altoaguirre y Rodrigo Torales, que revisan el software, la comunicación y la gestión el bastón y los anteojos, junto a un ingeniero en electrónica, Emiliano Albarracín, que colabora en los aspectos electrónicos de las placas controladoras y sensores. Tienen también la ayuda de otros docentes y de estudiantes de otras carreras, como Periodismo y Bellas Artes, además de la dirección del proyecto de Ivana Harari, coordinadora de este proyecto interdisciplinario seleccionado mediante la Convocatoria “Universidades Agregando Valor 2018” de la Secretaría de Políticas Universitarias de la Nación.

Una prueba más de que la educación en nuevas tecnologías ayuda a mejorar la calidad de vida de la gente, así como incrementa el desarrollo científico, tecnológico y económico de las sociedades que la impulsan.

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