Cuando hablamos de una nueva educación, hacemos referencia a distintos conceptos que debemos comprender y desarrollar, con el objetivo de superar cada vez más nuestro esquema educativo.
Dentro de nuevas tendencias, es interesante destacar que sucede con la neuroeducación, y entender correctamente su significado. Hablamos concretamente de un conjunto de conocimientos basados en cómo funciona el cerebro humano en un contexto psicológico, científico y educativo, más allá de que todavía no cuente con un reglamento académico.
En síntesis, hace referencia a la necesidad de la emoción por parte del cerebro para poder aprender.
Lo que somos, sentimos y pensamos, y nuestra manera de intervenir sobre el mundo es producto del funcionamiento del cerebro, ya que somos seres emocionales primeramente, luego críticos y con razonamiento.
Dentro de este funcionamiento cerebral, se desprenden algunas aristas de métodos que venían siendo utilizados en el ámbito educativo, y que este nuevo concepto nos ayuda a replanteárnoslo.

Uno de ellos es la lectura, ya que muchos científicos plantean que nuestro cerebro no está diseñado para leer, sino que evoluciona y aprende esa habilidad, ya que la lectura es un hábito cultural. Lo que plantean estos profesionales es que la lectura es algo que nunca se supo cómo enseñar, y en ese sentido, la neuroeducación y la ciencia nos dicen que la transformación en la lectura solo ocurre en el cerebro ente los 6 o 7 años.
Un punto fundamental en adolescentes en edad escolar es el descanso y los cambios físicos y mentales que se dan en en esas edades, ya que conviven a diario con nuevos procesos mentales y conductuales. Es por eso que por la mañana muchos alumnos aún se encuentran en fase de sueño, por lo que se cree conveniente retrasar una hora el ingreso al colegio o inclusive reforzar las clases por la tarde, cuando están más activos.
Otro aspecto clave de la neuroeducación es despertar la curiosidad en los alumnos, ya que representa un elemento básico emocional para poder enseñar con inquietudes.

Más allá de estos potenciales cambios, queda mucho terreno por explorar para lograr transmitir nuevos conocimientos científicos acerca del funcionamiento del cerebro en el ámbito educativo.
Una vez que se consoliden esos avances, será momento de realizar una evaluación y ver si realmente funcionan y logran los objetivos de mejorar el aprendizaje.

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