¿Cómo transformamos la educación del futuro?

Vivimos un momento en donde el debate acerca del futuro de la educación atraviesa un punto fundamental. Y nos preguntamos: ¿Es posible alcanzar las expectativas de aprendizajes necesarios en el mañana? La comunidad académica señala que el rol del director puede desarrollar un tipo de liderazgo necesario para llevar a cabo este proceso de transformación.

A raíz de recientes estudios publicados por la OCDE, podemos considerar que además del factor docente, el director es el que más incide sobre el camino del aprendizaje. Tomando esta afirmación, en nuestro país se está comenzando a empoderar a los directores de escuelas con propuestas de formación contínua, reconociéndolos y aprovechando su experiencia en las aulas y pasillos del colegio.

El director puede gestionar el cambio y crear un ambiente oportuno para desarrollar un proyecto compartido. Por supuesto que el modo en que se ejerce la dirección influye en todo lo que sucede en la institución, depositando altas expectativas de los estudiantes, involucrando a la comunidad, haciendo crecer a los equipos docentes y logrando un camino conjunto.

Para que los directivos puedan ocuparse del aspecto pedagógico, es necesario que desarrollen una visión muy clara para que la burocratización de su rol no los aparte de su función primordial. Remarcamos esto, ya que en muchos contextos vulnerables nos encontramos con que los directores se tornan mucho más imprescindibles que en otros contextos, dependiendo de él una buena parte de la inclusión educativa.

Hoy en día, y de cara al futuro, debe pensarse al director como un inspirador, un transformador que genere un clima, y sepa que esa función significa pensar en la dimensión del servicio y empoderamiento de los demás y allí, en la relación con su cuerpo docente, se juega su principal fortaleza.

Durante este año, el Consejo Federal de Educación aprobó una resolución que tiene implicancias sobre la vida de casi todas las instituciones educativas de nuestro país: un acuerdo de todos los ministros de Educación de las provincias para ofrecer una hoja de ruta a los directores, algo tan innovador como desafiante.

Además, gracias a una iniciativa del Instituto Nacional de Formación Docente del Ministerio de Educación de la Nación, se aprobó la resolución 338/18 que remarca los “lineamientos federales para el desarrollo profesional en gestión educativa para equipos directivos y supervisores”.

Ahora si, en Argentina existe un marco claro en el que nuestros directores puedan hacer una diferencia en los aprendizajes. Ante esto, no solo se pide que se apunte a un futuro de acá a veinte años, sino también buscar efectos en el corto plazo. Hay buenos liderazgos que pueden lograr un cambio educativo en el día a día. En la medida que estas nuevas tendencias tengan impacto en el aula, tendremos la certeza de que esto es posible.

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